
Es incómodo enfrentar estas situaciones. A veces, eso se junta con que tienes prisa, con que te da vergüenza o miedo a que te partan la cara si te enfrentas. Pero ya lo he descubierto, basta con volverte y mirarle al del piropo. Si le dices algo, mejor. No somos objetos y tú no eres nadie para juzgar mi cuerpo. No me halagas, solo quieres incomodarme.
Seguro que hay quien piensa que esto es exagerar, seguro. Pero también es seguro que mi cuerpo es mío y cuando alguien se cree con potestad de poder juzgarlo, alabarlo o criticarlo, el siguiente paso es poder usarlo. Y, repito, es mío y eso es violencia. El piropo es acoso.
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