
Movimientos rancios y antiguos se empeñan en devolver, a la mujer, una maternidad sin posibilidad de elegir cómo vivirla y, de forma paralela, se niega a los hombres cualquier capacidad para el cuidado y disfrute de la especie humana.
A mí, me suena a violencia para ambos sexos, a negar la capacidad de tomar decisiones una vez más. Me huele a capitalismo, a una vuelta a los años posteriores a la II Guerra Mundial, cuando las mujeres se vieron obligadas a abandonar sus puestos de trabajo porque los hombres habían vuelto de la guerra y no había trabajo para todas las personas. Me sabe a no escuchar a los movimientos que alarman sobre las consecuencias de no existir, ni promover una parentalidad corresponsable. Es negar a los hombres la participación en una faceta fundamental de la vida y, por ende, cargar de trabajo a las mujeres.
Sí, para mí, es violencia. Y, claro, todo esto visto desde una visión muy hetero, si ya nos referimos otros modelos de familia....
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