Las personas somos seres sociales. Aprendemos a vivir mediante un proceso
aprendizaje que consiste en la imitación de comportamientos y en la
interiorización de normas sociales.
Nuestras actitudes y comportamientos guardan una estrecha relación con la tradición cultural y la estructura social a la que pertenecemos,
y el proceso vivencial concreto vivido por cada persona a través de los
diferentes agentes socializadores como la familia, la escuela, los medios de
comunicación, amistades, etc. Todo ello
moldea nuestras sensaciones, emociones, sentimientos, formas de pensar, de
comportarnos y de relacionarnos. De esta forma, poco a poco se va conformando
nuestra identidad y nuestra personalidad.
En
la actualidad, nuestra forma de relacionarnos con otras personas está
directamente relacionada con nuestra sociedad, cuya estructura es jerarquizada
y patriarcal. No todas las personas somos igualmente reconocidas. Existe una
estructura de poder económica y social que nos impone unas normas que debemos
incorporar a nuestra vida y reproducir en nuestras relaciones sociales. De
hecho, todo este engranaje social es interiorizado por cada una de las personas
que integramos el sistema y, de forma paralela, la sociedad nos educa para
asumirlo y reproducirlo y, en caso contrario, nos castiga señalando nuestra
diferencia.
Pero ¿quién eres realmente? ¿has elegido libremente quién ser? ¿eres o te han hecho? ¿cómo quieres ser? ¿quieres ser siempre así? ¿te atreves a probar?