
Esto de ser “omnimujer” es cuanto menos inquietante. Desde
que te levantas que si haz esto, que si haz aquello, que tienes pendiente lo
otro, siempre estate perfecta, pero no llames la atención, tienes que saber mucho,
pero ¡cuidado recuerda lo de llamar la atención!, que si los pelos, que si lo
demás….
Hasta que… de pronto, ploff!! Tu cerebro se colapsa. Se ha
producido una interconexión fastidiosa que te detiene. Ese es el momento de
reflexión, ¡no puede ser, estás bloqueada! Algo no va bien. Si tú… ¡lo único
que quieres es reírte! No funciona.
Pero nada ese momento se pasa y reinicias de nuevo.
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